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Discurso del presidente Obama en la Cumbre sobre Cambio Climático en Copenhague.

LA CASA BLANCA
Oficina del Secretario de Prensa
PARA PUBLICACIÓN INMEDIATA
22 de septiembre de 2009
DECLARACIONES DEL PRESIDENTE
DURANTE CUMBRE SOBRE EL CAMBIO CLIMÁTICO
DEL SECRETARIO GENERAL BAN KI-MOON EN LAS NACIONES UNIDAS
Cuarteles Generales de las Naciones Unidas
Nueva York, Nueva York
9:46 A.M. EDT
PRESIDENTE OBAMA: Muchas gracias. Buenos días. Quiero agradecer al secretario general por organizar esta cumbre y a todos los líderes que están participando. El hecho de que tantos de nosotros estemos hoy aquí es un reconocimiento de que la amenaza del cambio climático es seria, es urgente y está aumentando. La historia juzgará la respuesta de nuestra generación a este desafío, porque si no le hacemos frente –de manera audaz, rápida y conjunta– arriesgamos entregarles a generaciones futuras una catástrofe irreversible.
Ninguna nación, independientemente de cuán grande o pequeña, rica o pobre, puede escapar del impacto del cambio climático. El creciente nivel del mar amenaza todas las costas. Tormentas e inundaciones con mayor efecto devastador amenazan todos los continentes. Las sequías y pérdidas de cosechas son más frecuentes y engendran hambre y conflicto en lugares donde el hambre y el conflicto ya reinan. En islas que se reducen de tamaño, las familias se están viendo forzadas a abandonar sus casas como refugiados debido al clima. La seguridad y estabilidad de cada nación y todos los pueblos –nuestra prosperidad, nuestra salud, nuestra seguridad– están en peligro. Y se nos está acabando el tiempo para revertir esta tendencia.
Pero podemos revertirla. John F. Kennedy comentó una vez que “Nuestros problemas han sido creados por el hombre y por lo tanto pueden ser solucionados por el hombre”. Es cierto que durante demasiados años, la humanidad se ha demorado para responder o incluso reconocer la magnitud de la amenaza del clima. Ése también es el caso de nuestro propio país. Lo reconocemos. Pero éste es un nuevo día. Es una nueva era. Y me enorgullece decir que Estados Unidos ha hecho más por promover la energía no contaminante y reducir la contaminación del carbono en los últimos ocho meses que en ningún otro momento en nuestra historia.
Estamos realizando la mayor inversión de nuestro gobierno en energía renovable, una inversión dirigida a aumentar al doble en tres años la capacidad de generación de energía eólica y otras fuentes renovables. En todo Estados Unidos, los empresarios están construyendo turbinas de viento y paneles solares y baterías para autos híbridos con la ayuda de garantías de préstamo y créditos tributarios, proyectos que están generando nuevos empleos y nuevas industrias. Estamos invirtiendo miles de millones para reducir el desperdicio de energía en nuestras viviendas, edificios y enseres domésticos, y en el proceso, ayudando a las familias estadounidenses a ahorrar dinero en sus cuentas de energía. Hemos propuesto la primera política nacional dirigida tanto a aumentar el uso eficiente de combustible como a reducir la contaminación de gases de efecto invernadero de todos los autos y camiones nuevos, un estándar que también les ahorrará dinero a los consumidores y petróleo a nuestra nación. Estamos avanzando con nuestros primeros proyectos de energía eólica de altamar. Estamos invirtiendo miles de millones para captar carbono contaminante con el fin de que nuestras plantas de carbón contaminen menos. Apenas esta semana, anunciamos que por primera vez, estamos manteniéndonos al tanto de la cantidad de contaminación de gas de efecto invernadero que se está emitiendo en todo el país. Esta semana, trabajaré con mis colegas en el G20 para eliminar paulatinamente los subsidios a hidrocarburos para que podamos enfrentar mejor el desafío climático. Y sabemos desde ya que la disminución reciente en el total de emisiones en Estados Unidos se debe en parte a medidas para promover mayor eficiencia y mayor uso de energía renovable.
Más importante aún, la Cámara de Representantes aprobó una medida de energía y clima en junio que finalmente haría que la energía limpia sea un tipo rentable de energía para las empresas estadounidenses y reduciría drásticamente la emisión de gas de efecto invernadero. Un comité en el Senado ya ha actuado con respecto a esta medida, y estoy deseoso de colaborar con otros a medida que avanzamos en este proceso.
Ya que ningún país puede hacerle frente solo a este desafío, Estados Unidos también está logrando la cooperación de más aliados y socios que nunca para encontrar una solución. En abril, aquí en Estados Unidos, convocamos la primera de seis reuniones que se han realizado hasta ahora del Foro de las Principales Economías sobre Energía y Clima. En Trinidad, propuse una Sociedad Americana de Energía y Clima. Hemos trabajado por medio del Banco Mundial para promover proyectos y tecnología de energía renovable en el mundo en desarrollo. Y designado al clima asunto prioritario en nuestros planes diplomáticos cuando se trata de nuestra relación con países como China y Brasil; India y México; desde el continente del África a Europa.
En conjunto, estas medidas representan un reconocimiento histórico de parte del pueblo estadounidense y su gobierno. Comprendemos la gravedad de la amenaza climática. Estamos decididos a actuar. Y cumpliremos nuestra responsabilidad para con generaciones futuras.
Aunque muchos de nuestros países han tomado medidas audaces y comparten su determinación, no vinimos hoy aquí a celebrar el progreso. Vinimos aquí porque debemos lograr mucho más. Vinimos porque queda muchísimo por hacer.
Es trabajo que no será fácil. Al aproximarnos a Copenhague, no debemos hacernos ilusiones, pues la etapa más difícil del recorrido está por delante. Buscamos cambios extensos pero necesarios en medio de una recesión mundial, en la que la prioridad más inmediata de todo país es reactivar su economía y hacer que la gente vuelva a trabajar. Y entonces, todos nosotros enfrentaremos dudas y dificultades en nuestras capitales al tratar de llegar a una solución duradera al cambio climático.
Pero las dificultades no son excusa para la pasividad. La incomodidad no es excusa para la inacción. Y no debemos permitir que el perfeccionismo se convierta en enemigo del progreso. Cada uno de nosotros debe hacer lo posible para propiciar el crecimiento de nuestra economía sin poner nuestro planeta en peligro, y todos debemos hacerlo juntos. Debemos aprovechar la oportunidad de hacer de Copenhague un paso significativo en la lucha mundial contra el cambio climático.
Tampoco podemos permitir que las antiguas divisiones que han caracterizado el debate sobre el clima durante tantos años obstruyan nuestro progreso. Sí, los países desarrollados que han causado tanto daño en nuestro clima durante el último siglo tienen la responsabilidad de ser líderes. Eso incluye a los Estados Unidos. Y continuaremos haciéndolo, al invertir en energía renovable, promover mayor eficiencia y reducir drásticamente nuestras emisiones para alcanzar los objetivos que fijamos para el 2020 y nuestro objetivo a largo plazo para el 2050.
Pero esos países en desarrollo y de rápido crecimiento que producirán casi todo el aumento en las emisiones mundiales de carbono en las próximas décadas también deben poner de su parte. Algunos de esos países ya han comenzado a tomar medidas considerables en el desarrollo e instalación de energía limpia. De todos modos, será necesario que se comprometan a medidas internas enérgicas y a cumplir con dichos compromisos, de igual manera que los países desarrollados deben cumplir con los propios. No podemos hacerle frente a este desafío a no ser que quienes producen más contaminación de gas de efecto invernadero actúen conjuntamente. No hay otra forma.
También debemos revitalizar nuestros esfuerzos para llevar a otros países en desarrollo –especialmente los más pobres y los más vulnerables– camino al crecimiento sostenido. Estos países no tienen los mismos recursos para combatir el cambio climático que países como Estados Unidos y China, pero son los que tienen más interés inmediato en una solución, pues estos países ya están comenzando a vivir con las consecuencias tangibles del calentamiento del planeta: hambruna y sequías; la desaparición de aldeas costeras y el conflicto que surge de la escasez de recursos. Su futuro ha dejado de ser una opción entre una economía en crecimiento y un planeta más limpio, porque su supervivencia depende de ambos. Servirá de poco aliviar la pobreza si ya no se puede cosechar o encontrar agua potable.
Es por eso que tenemos la responsabilidad de proporcionar la ayuda económica y asistencia técnica necesarias para ayudar a dichos países a adaptarse al impacto del cambio climático y a procurar el desarrollo con bajas emisiones de carbono.
Lo que buscamos, a fin de cuentas, no es simplemente un acuerdo para limitar la emisión del gas de efecto invernadero. Procuramos un acuerdo que permita que todos los países crezcan y aumenten su estándar de vida sin poner al planeta en peligro. Al desarrollar y diseminar tecnología limpia y compartir nuestros conocimientos prácticos, podemos ayudar a los países en desarrollo a evitar del todo la tecnología energética contaminante y reducir emisiones peligrosas.