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Cumbre de París 2015: retos y desafíos del mundo

El mundo se prepara para unirse en la lucha contra el cambio climático en un compromiso vinculante y definitivo que permita una reducción significativa en las emisiones contaminantes a partir del año 2020. Su cita, la Cumbre de París de 2015.

Los históricamente conocidos como países desarrollados, la fuerza con la que están irrumpiendo las economías emergentes y el gran potencial de desarrollo que hay para los demás países del mundo hacen que el escenario mundial se conforme de un modo completamente diferente al que hemos conocido. Numerosos cambios económicos, políticos y sociales están sucediendo, pero para crear sistemas socioeconómicos equilibrados y que perduren en el futuro, se antoja imprescindible un espacio energético equilibrado y medioambientalmente sostenible, además de un compromiso en la lucha contra el cambio climático y a favor del medioambiente.

Cumbre de París 2015

Tras otros veinte encuentros anteriores, en Copenhague, Lima o, el más conocido, celebrado en Kyoto, la Conferencia de las Partes de París, o COP 21, debe convertirse en la cita definitiva de la debe obtenerse un compromiso vinculante internacional para la reducción de estos gases de efecto invernadero. La ambiciosa predisposición de una importante parte de los países participantes hace pensar que es posible lograr los objetivos marcados: reducir en las emisiones de gases de efecto invernadero en un 40 % en 2030 y un 60 % en 2040 con respecto a lo establecido en 1990, y limitar el incremento de la temperatura global en menos de 2º C.

” En la Conferencia de las Partes de París deben dejarse a un lado los intereses y estrategias individuales para llegar a un acuerdo global.

Pese a que compromisos tan importantes deberían ser tratados siempre a nivel global, la realidad es que cada país se ve fuertemente influenciado por su situación económica, industrial, cultural, geográfica y, por supuesto, política. La falta de éxito de reuniones anteriores ha residido fundamentalmente en los intereses y las estrategias de los diferentes grupos de países participantes.

La evolución demográfica y económica mundial ha producido cambios globales en la forma de concebir la producción y el uso de la energía. La población continúa creciendo, mientras, pese a los esfuerzos en investigación y desarrollo de nuevas formas de generación convencional y renovable, el suministro se encuentra limitado por la propia capacidad de producción. Sin embargo, los países tienen la necesidad de garantizar un suministro de energía de calidad y estable para satisfacer las necesidades de sus ciudadanos. En este punto es en el que la reunión de París se convierte en un desafío fundamental para el futuro, ya que debe conseguir vincular a los países a llevar a cabo políticas energéticas respetuosas con nuestro planeta y con el medioambiente.

” La COP 21 presenta una ventana de esperanza para mantener nuestro planeta para las generaciones futuras.

La experiencia en países como Sudáfrica ha demostrado que el desarrollo basado en la sostenibilidad, apostando por las energías renovables, cuidando la biodiversidad, es capaz de generar inversiones y equilibrar el progreso social y económico.
Del mismo modo, en París, se espera que se definan costes y se establezcan los compromisos necesarios y adaptados a los distintos intereses y estrategias de cada país.

Por todo ello, el camino hacia un acuerdo global y multilateral entre todos los países del mundo tiene una cita crucial en la próxima Conferencia de París en 2015. La manifiesta implicación de Europa, junto con el marcado apoyo de la administración norteamericana de Obama, la Cumbre por el Clima que ha tenido lugar en la sede de Naciones Unidas en Nueva York, el reciente anuncio del acuerdo de colaboración entre los dos mayores emisores mundiales: Estados Unidos y China, o el cambio de discurso con una reducción de emisiones de gases de efecto invernadero asociada de China hacen vaticinar un escenario optimista para el consenso y, por tanto, el éxito, en la capital francesa; dejan abierta una ventana de esperanza para que se produzca el cambio de rumbo que nos permita mantener nuestro planeta para las generaciones futuras.